1984. Después 1985. Años enteros ordenados con una prolijidad casi obsesiva.
Una carpeta con un solo nombre
Mi madre sacó la carpeta. En la tapa, escrito con letra firme, decía simplemente: «Para Margarita».
—¿Qué es todo esto? —pregunté.
Mi padre se sentó. Por primera vez en mi vida, lo vi evitar nuestras miradas.
—El dinero de tu madre.
—¿Cuál dinero?
—Todo.
Mi tía soltó un pequeño sonido de sorpresa. Mi madre, en cambio, permanecía en silencio a su lado. Y entonces entendí algo aún más extraño: ella lo sabía. Lo