Me casé con mi paciente cuando le quedaban días de vida; tras el funeral, su hermana me entregó una caja

que sí. Esa fue mi primera decisión equivocada, y la primera que tuve que mirar de frente después. Nunca consulté a mi supervisora, la doctora Ríos, si era apropiado seguir adelante.

Nos casamos al día siguiente en su habitación. Yo llevé una corbata en lugar del estetoscopio, una enfermera hizo dos anillos con tiras de venda limpia y Julia se puso un pañuelo blanco a modo de velo. Su hermana Paula trajo flores y le acomodó el pañuelo dos veces antes de apretarme la mano: «Gracias. Le diste algo, de