y mi nombre varias veces, convencido de que había un error. Debajo, una nota doblada.
Antes de que pudiera abrirla, Paula se inclinó a mirar y se puso roja. «¿Qué es esto? ¿Le dejó el dinero de la abuela?», gritó. Juró que no sabía nada. Yo tampoco.
La denuncia
Pocos días después, el hospital me llamó. Paula había presentado una queja: decía que yo había aprovechado la situación de su hermana moribunda para quedarme con una herencia. La revisión todavía no había terminado cuando la doctora Ríos me pidió el