debía darle, estuve a punto de prometer que jamás cometería el mismo error, y entendí que sería otra respuesta fácil. «Pediré ayuda antes de contestar», le dije.
Paula escribió una declaración para el hospital. No fue una defensa: contó que había ayudado con una boda que ella entendía que no era romántica, que no tenía pruebas de que yo esperara una herencia y que mantenía sus dudas sobre el matrimonio. También corrigió su publicación. Dejé la caja con los recuerdos sobre su mesa. Al salir, la vi abrirla otra vez.