Me casé con mi paciente cuando le quedaban días de vida; tras el funeral, su hermana me entregó una caja

detuve. Ella lo pidió, y yo acepté. Esa diferencia era incómoda, pero necesaria: yo era el profesional en la habitación, y mi responsabilidad no desapareció porque a ella le quedara poco tiempo. Corregí la frase, pasé casi toda la noche explicando mi decisión sin culparla a ella y lo envié antes de volver a suavizarlo.

Paula, mientras tanto, publicó un mensaje acusándome. Cuando la llamé, me dijo que lo hacía porque creía que el hospital me protegería. Le expliqué que ya había rechazado el dinero. «Después de que yo me