Cuando Emilia tenía apenas diecisiete años, tomó una decisión que cambiaría el destino de toda su familia: quería estudiar medicina en la universidad más prestigiosa del país.
Había crecido en un pequeño pueblo, rodeada de personas humildes y trabajadoras. Desde niña repetía que quería convertirse en médica después de que un especialista lograra salvarle la vida durante una grave enfermedad. Para ella, la medicina no era solo una profesión: era una misión.
Pero había un problema.
La carrera costaba mucho más de lo que su familia podía pagar.
Su padre