cinco —dijo—. Los animales no saben que hemos celebrado una boda».
Luego, salió.
Me quedé allí, aún vestido, escuchando cómo cerraba las ventanas, una por una. Por la mañana, me levantaba a las cuatro y media.
No quería que lo primero que escuchara en mi nueva vida fuera que era un holgazá
Permanecí en aquel